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jueves, 7 de junio de 2018

Sentimiento atrapado

el amor es una vibracion constante, un sonido dulce, elocuente, incesante. un perfume transparente y transformante. un sol naciente, una luna menguante. una oleada envolvente, un calor susurrante. un estado diferente, magistral, equidistante. un cristal tornasolado, un diamante aterciopelado.  un rayo fosforescente, un haz de luz trazado. un fuego ardiente, un momentum incandescente.  una burbuja, un hechizo inteligente. unos ojos despistados, un fugaz para siempre.

martes, 29 de mayo de 2018

En paracaídas

Eran tipo las tres de la tarde, estaba aburrida haciendo zapping y me quedé viendo un reality que tenía Belinda (la cantante española nacionalizada mexicana) en ese momento. Habrá sido en el 2012, o 2013, más no. Ella estaba por salir de gira y tenía unos 40 días para entrenar a full, así que una personal trainer la sacaba a correr por unas barrancas de un lindo barrio residencial. Ella se quejaba.
En el capítulo siguiente, que evidentemente ví al hilo, se tiraba en paracaídas. Primero tenía mucho miedo, de repente volaba y una cámara la captaba muy de cerca, de pronto aterrizaba y totalmente ida de sí exclamaba que había sido fantástico, chulísimo, que todo tomaba otra dimensión, que se había dado cuenta que a veces nos ahogamos en vasos de agua simplemente por no poder mirar más allá. The big picture, con todo hecho una maqueta, una miniatura. Que todo el mundo se debería animar.

Algo me quedó, pero ni idea.

Fines de 2013 y a mis amigas se les ocurre irnos a Lobos, a tirarnos en paracaídas. Una, la impulsora, la única decidida. El resto amagaba y dudaba (incluída yo), pero igual averiguamos que tirarse salía 1000 pesos del momento, 1900 con fotos y video (obvio que, de hacerlo, íbamos a elegir esa opción), organizamos todo, reservamos una cabaña, armamos nuestros bolsos con todo lo necesario para un fin de semana, nuestros familiares nos despidieron con un abrazo un poquito más fuerte que el habitual por las duuuudas, nos tomamos una combi un viernes de enero a la mañana en el Alto Palermo, y adiós.

A la mañana siguiente, no te digo que al alba pero casi, tres de las seis firmábamos ¿contrato? en el aeroclub. Que bueno, que sí, que si nos caíamos arriba de un techo y se rompía algo nos íbamos a hacer cargo nosotras, que si nos moríamos la empresa no se responsabilizaba de nada, que teníamos todos los permisos médicos para saltar. Que no comiera media bolsa de Talitas con Coca Light antes no me dijeron (me incentivaron a comer durante la espera, de hecho, grave error).
Las otras tres se habían quedado durmiendo en donde nos alojábamos. Una por problemas en la rodilla, otra por problemas económicos, otra por problemas de pánico.
Como éramos impares y ella era la impulsora y la única decidida, Jime tuvo que animarse a ir primera con un desconocido en la avioneta. 50 minutos de subida, tirarse que dura un ratito, y apareció. No estaba SÚPER feliz, más bien estaba en shock.
Ahí nos tocó a Ceci y a mí. Ya estaba, no había vuelta atrás. En ese momento opté por reírme de mi misma, verme medio desde afuera como con complicidad y decirme: "jajaja boluda, ¿en serio estás haciendo esto?". No es que ahí estuviera inaugurando la sección momentos muy WTF en mi vida, ya había tenido unos cuantos, pero bueno, se venía -o ya estaba pasando- una intensa.
Ahí me acordé de Belinda, y algo me tranquilizó. Jugué a que estaba en mi propio reality (con camarógrafo y su GoPro apuntándome en serio) y me hice la que tenía una misión. No podía dejar en banda a la producción del programa, a los espectadores. Tenía que hacerlo. También pensé en los de MDQ Para todo el mundo, y sus actividades extremas. En Marley y los bichos que come. Las patas de cucaracha que le hace tragar a los invitados, el pis de serpiente.
Y no descubrí -porque ya había usado ese recurso varias veces-, pero sí comprobé que mi instinto de supervivencia tanto como mi capacidad para superarme y hacer cosas jugadas o donde corren, al menos, toneladas de adrenalina, está sujeta a creer que estoy en un reality show o en un programa en donde DEBO poder hacerlo, más que nada para no decepcionar a los televidentes que miran desde el sillón de su casa, para que se queden con sensación de que se puede. Interesante, ¿no?

Me distraje con eso, abrieron la puerta, y de repente estábamos en una nube.
A Ceci le tocaba antes que yo, se tiró su camarógrafo, y su instructor un poco la apuró a mandarse. Como acto reflejo se agarró del marco de la puerta, él le sacó de ahí la mano y WOOOOOOOHOOOOOOOOOO.
Ok, seguía yo. Ya está negra, estás re jugada. Ni trates de agarrarte de nada porque no tiene sentido, así que zambullite y disfrutalo. Belinda. MDQ. Marley. Mis papás. Mi her... ¿CHABÓN ACABÁS DE HACERME DAR UNA VUELTA CARNERO EN EL AIRE? ¿AL LADO DE UNA FUCKING NUBE? ¿y de repente estoy... VOLANDO? ¿VO-LAN-DO?.
30 segundos. 1500 metros así hacia abajo. La piel de la cara toda estirada hacia atrás (menos mal que pude ver esto después en la filmación, material totalmente inédito y con candado con soundtrack de Sia antes de ser conocida como tal, I am titaaaniiiuuum).
Se abrió el paracaídas, quedaban 1500 metros más, la mitad. Esta parte era menos violenta, más recreativa, contemplando, cayendo despacio. Pero obvio que así somos y yo quería de nuevo quilombo, qué rápido se genera una adicción.
Cuando le dije al instructor que notaba que me estaba bajando la presión, automáticamente me facilitó una bolsa de papel blanca y me dijo "cualquier cosa vomitá ahí, sino te manchás vos y me mancho yo". Por suerte me tocó un dulce de leche la verdad.
El aterrizaje tuvo sus bemoles pero cuando aterricé entendí todo lo que dijo Belinda. Lo comparto.

Usé ese momento muchas veces en estos años, como sostén o impulso ante determinadas situaciones.
Un poco lo hice para eso. Y me sirvió.
Me genera sensaciones encontradas la siguiente palabra pero, sea como sea, me empoderó.

Hoy, por un motivo que tiene poco que ver, siento que hice algo parecido a ese salto. No sé si "arriesgué", porque probablemente no pasa nada si no pasa nada, no creo que me vaya a lastimar. Esta vez no está en riesgo estrolarme contra un techo para, en el mejor de los casos, tener que pagar. Es algo mucho más leve y menos jugado, aunque tiene un elevadísimo valor personal, pero no tengo la menor idea de lo que puede llegar a pasar.
Acción ya tomada. Incertidumbre total.
Me gusta.

lunes, 28 de mayo de 2018

Vuelta de Saturno.

Hoy tuve un verdadero registro de qué es, de qué se trata. Hoy sí que el desgraciado dio la cara (si le decimos retorno). Que la muy trolita se asomó bien asomada (si, en cambio, decidimos llamarla como vuelta). ¿Qué me estás haciendo, Saturno? ¿Qué es toda esta melancolía, estos ecos, esa ternurita a la que ya no sé cómo llegar pero que siento en el pecho y ese dolor de cabeza, que está toda tensa, y por momentos realmente siento que va a explotar, o que no me da para más? ¿Cuándo se termina toda esta jodita?

Iba en el auto escuchando Bándalos Chinos, una canción que se llama Un día y que particularmente me transmite un montón. Y de repente rompí en llanto, de la nada.
 Menos mal que en ese trance de pestañas empañadas, sollozos patéticos pero muy sentidos y mi cerebro y corazón tratando de entenderse azotándose a data, no me la puse contra nada. Igual sabía que no me la iba a poner. No sé bien qué me pasa ni a dónde va esto pero cuando me descargo siento algo tan liberador que sé que está todo bien.
No entendí si me emocionó la voz del cantante, sentir que lo que quiero siempre me resulta muy difícil y tengo que hacer demasiado, y que en ese trayecto pierdo magia y espontaneidad y todo se diluye y se vuelve rocoso, duro, agotador, o qué. Pero pude reconocer que de eso se trata.

Hoy lloré todas las lágrimas de lo que estuve creciendo.
Y también todas las de cuánto me falta crecer.
Me sentí muy viva. Muy cuerda. Muy enchufada.
Al mismo tiempo una loca a la que no me estaba dando cuenta de cuánto extrañaba.
Identifiqué a la hipersensible disparatada que soy. También a la seria, madura, diplomática.
Entendí que de alguna forma tengo que equilibrarlas porque coexisten en mí ambas.
Aunque todavía con un dejo de dolor, me siento muy aliviada.

domingo, 27 de mayo de 2018

Expansión

Abrazo todo.
Me estiro. Siento mi fuego, mi sol.
Bajo el verdadero Sol y estos colores que realmente disfruto.
Agradezco a la energía por fluir en cada estación del circuito.
A cada sonido, color, vibración.
A cada cuerda, cascabelito, percusión.
A mi centro, eje de cualquier intención.
Hay momentos así. Simples. Sagrados. Completos. Dorados.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Nací un 23

Hoy hace cinco meses que tengo 29 (oh my, tuve un importante fail y había escrito 25!!!).
En esta tarde otoñal ya nublada, con el documental de Gabo (García Márquez) en stop, un café a medias, el pelo mojado porque recién me bañé, bastante cómoda y abrigada con las piernas cruzadas sobre el sillón, revisando insistentemente cada cinco minutos mi mail viejo para ver si llegó algo laboral que necesito reenviar cuanto antes a alguien, y con los minutos contados para disfrutar de este mini break porque en una hora tengo que estar en la puerta de La Rural para encontrarme con una amiga e ir a la inauguración de ArteBa y antes tengo que secarme el pelo, terminar de alistarme y trasladar mi cuerpo hacia ahí, estoy a siete meses de los 30.

Woowie woowie woowie. Estoy a menos de un período de gestación de bebé de dejar los 20.
Cuántas obviedades con tendencia negativa, comparativa y bastante básica podría ponerme a repasar.
Sin embargo, no pienso hacerlo. Acá ni por lo pronto en ninguna otra parte.
Estoy inmersa en la vida. Tengo aspectos ínfimos y gigantes que sentir y agradecer.
Hay muchísimo por afinar y por pulir, y a mi forma lo intento.
Me taro mucho, pero también le pongo huevo.
Soy fan en silencio de un tuitero que vive en Córdoba. Quiero abrazarlo fuerte y reírme con él.
Ayer hice un papelón de aquellos, pero dentro de la incomodidad me sentí muy contenida. Y eso es un montón.
Tengo un pianito de juguete en un mueble de mi casa y a veces suena solo. Contrario a lo que debería generárseme, no le tengo miedo ni nada.
Hace unas semanas escribí un poema sobre el chico más sexy del mundo, es todo lo cursi que puede existir. Tenemos una comunicación muy extraña.
Soy adicta a esos instantes en que algo te llena el alma.
Tengo bastante para ordenar.
Ya me llegó y reenvié el mail que necesitaba.
Mi amiga me avisó que está atrasada, igual ya por hoy esto es todo acá.

martes, 22 de mayo de 2018

Japanese Breakfast

Ahora sí empezó el otoño, y cada año en esta época amo tomar algo con temperatura elevada mientras abrigada soy espiada por el sol desde la ventana. Muchas veces también sueño con ir a alguna sala silenciosa de la Biblioteca Nacional y pasarme horas (unas siete) leyendo y escribiendo ahí. Me voy a encargar de que pase.
Tengo un rato para destrabar algunos niveles musicales. Más técnicos que propiamente musicales.
Después tengo que hacer unas cuantas otras cosas. Algunas me estresan, otras me dan placer. Naturalmente. La vida un martes de mayo.
La semana de días hábiles termina con feriado. Tengo un buen presentimiento sobre estos días, se lo atribuyo al paisaje ya ocrizo-dorado.
En el Tiny Desk Concert que estoy escuchando, que va terminando, la cantante -vestida en total white y con una voz súper melancólica- dijo recién entre tema y tema que fue un año de heavy-touring.
Si soy muy honesta conmigo, sé que ese es uno de mis máximos deseos. Una de las experiencias más totales y completas que, pienso, creo, siento, podría vivir en este planeta. Reuniría muchas de las cosas que me apasionan.
Un año de heavy-touring. No sé cómo, cuándo, dónde, con quién/es ni porqué, pero bueno... dije que estaba siendo honesta.

viernes, 18 de mayo de 2018

Dos gardenias

Ayer fui al Luna Park a ver a Buena Vista Social Club. Me emocioné al ver cantar y moverse con bastante soltura a Omara Portuondo a sus 87 años. Era la gira despedida, y me estrujó un poquito el alma notar que no quería abandonar el escenario después del saludo, que su cuerpo quería seguir buscando complicidad en el público, haciéndole gestos, muecas, señales de aliento con los brazos. Brazos que justamente el pianista entrelazó antes de lo que ella hubiese querido, se notaba en su actitud y su mirada, para escoltarla hacia el pasaje de las bambalinas laterales, y de ahí al camarín, y de ahí a quién sabe dónde.
Me quedé sin escuchar Dos gardenias para ti, con ellas quiero decir, te quiero, te adoro, mi vida... ponles toda tu atención, que serán tu corazón y el mío.

Un rato antes que empezara el show, me vinieron flashes de viajes musicales a los que accedí en ese mismo templo urbano, palacio de los deportes en verdad. A veces, como ayer, sentada cómoda y tranquila bien cerquita del escenario, sin interrupciones de cabezas ni teniendo que buscar posiciones estratégicas. A veces muy lejos, queriendo estirar los brazos y llegar, pero contemplando ese mar de pantallas y voces en la oscuridad en perspectiva. A veces circulando por el medio del campo, poniéndome en puntitas de pie, obvio, y otras totalmente sacada, transpirada y fuera de mí.

Que recuerde, en orden cronológico pero al revés:

Buena Vista Social Club
Illya Kuryaki and The Valderramas
Morrissey (*)
Smashing Pumpkins
Molotov
The Kooks
Belle and Sebastian (**)
Franz Ferdinand
Placebo
Norah Jones


Y es obvio que me estoy olvidando de algo.

* Vuelve a fin de año, woohoo!
** Vuelven al Personal Fest en noviembre, bien podría ser esto el 10 o el 11. ¿A quién tengo que rezarle para que sea el 11? ¡El 10 se casa mi primo! Mismísima situación con Death Cab for Cutie.