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martes, 15 de mayo de 2018

Dust it off

Hoy me llena, me rebalsa y me envuelve algo superior a las palabras (pero me comprometí conmigo misma a escribir 30 días seguidos, aunque ya vayan tres o cuatro en los que no haya cumplido) y en este estado quiero existir. Permanecer hasta que suene la alarma de "La hora de dormir". Podría suspenderme en (o desde, o dentro de) esta sensación unas cuantas horas. Creo, también unos cuantos días. Sólo s(int)iendo. Eso es lo que encuentro en el yoga y en la meditación, cuando me entrego conectada y siguiendo la coreografía natural. Cuando estoy ansiosa o apurada, no.
Escribí esas dos palabras con connotaciones negativas y ya me sentí como una molécula de agua, tomando una forma crisposa, rígida, impía.
Por suerte, como dije, hoy me llena, me rebalsa y me envuelve algo superior a las palabras. Me sumerjo ahí y me mezclo con esas otras moléculas de agua tan perfectas, vibrantes y livianas.
Puede tratarse de la Luna Nueva en Tauro y de un ritual por FaceTime que hice con dos amigos. Intencionamos, coloreamos, cantamos, dejamos suceder. Agradecimos.
Creo que no hay nada tan supremo en la vida como agradecer. Me emociona pensarlo. Amo agradecer.
El título lo puse por el video que sigue, una canción (y una sesión en vivo, y una banda, y unos músicos sesionistas, y el guitarrista que me va a hacer explotar la compu de lo bomba que es) que me tiene enloquecida. Es el soundtrack de I Origins, una peli que ví hace un tiempo y me gustó (pero en el momento no registré para nada el tema, lo redescubrí hace poco). Fue totalmente random porque no sabía sobre qué iba a escribir y sólo me dejé llevar timoneada por el teclado. Pero creo que tiene mucho que ver.


lunes, 14 de mayo de 2018

Magic numbers

Mi celular tiene 7% de carga.
En 7.05 minutos va a sonar una alarma, para que me saque la máscara facial.
En 42 otra, porque decidí desde hoy probar "La hora de dormir", una función del iPhone. Dado que vengo muy desordenada con mi sueño, y soy tanto más productiva y enérgica por la mañana que a la noche, quiero tratar de meter unos cuantos días a la semana de buen descanso y regularizar mi ajetreado ritmo circadiano. Veremos qué tal.
A las 9 am es la Luna Nueva en Tauro.
Tengo 6 pestañas abiertas. De izquierda a derecha: un tutorial de Ableton Live (algo que ya estudié hace 3 años pero es un universo prácticamente infinito y nunca está de más repasar), un calendario de entrenamiento que uso para organizar qué partes del cuerpo trabajo cada día (AH PARÁ), un link de descarga de un programa para hacer subtítulos, Facebook con (2) notificaciones, esto, y un Google vacío en el que no me acuerdo qué pensaba buscar.
El dólar alcanzó su récord histórico a 25, 52. Mañana vencen Lebacs por 28 mil millones de dólares.
1 vela dorada tengo encendida ahora, 1 vaso térmico precioso rosa bebé con té al lado, 1 botella roja con el poquito de agua que me queda tomar hoy y 1 frasquito con gotas de Bach que ya se está por terminar.

00 pasaron de las 22, au revoir.

domingo, 13 de mayo de 2018

Cigarettes after sex

Se me evaporan los ratitos, las horas, los días.
Se me está por evaporar la cuenta de Spotify también, por un error de la tarjeta. Me amenaza con que puedo perder mis playlists encima, con eso no se jode.
Hoy, compartiendo tocs con amiga que vive pasando la Cordillera, hablamos de lo imprescindible de los domingos dejar todo en orden como para empezar la semana BIEN. Si no se arranca el lunes con todo en su lugar, ya hay algo que de movida no funciona. Y sí, obvio que se puede levantar cualquier día a medida que todo va sucediendo (todo siempre está sucediendo), pero no es tan fácil ni es lo mismo. Ya hay algo manchado, ruidoso, desprolijo.
En relación al título de la nota puedo decir que igual por ahora no perdí ninguna cuenta y el playlist suena (y empezó una versión muy extraña y con tremendo groove de White Flag, la de Dido, por un o una tal Jay Som), y que soy muy mala armando cigarrillos.
Uno de mis hobbies preferidos en esta vida es ver películas que naturalmente me fascinen tanto que inmediatamente después de verlas tenga que pasarme, por lo bajo, dos horas y media googleando a todos los actores, la bio del director, el soundtrack, comentarios, anécdotas, making ofs, repercusiones. Pero hace mucho que no me pasa la verdad.
Le saco banderita blanca a este domingo, por unas horas me rindo. Antes de que empiece enero, como dice Leo García, y todo vuelva a empezaaaar
aaaarrr
aaaar
aaaar
aaaa aaa aaaaarrr.

viernes, 11 de mayo de 2018

Stop Rec Pause Play

Ahora que recuperé el celular, tengo que ir en busca del nuevo chip.
Ya decidí que de camino, en el auto, voy a escuchar el recién salido disco de Perras on the beach.
Después tengo un montón de planes, que empiezan esta tarde y terminan el domingo a la noche. Se incluye en esa vorágine ser copiloto de una amiga en su primera sesión de manejo San Isidro-Belgrano. Comer con ella y otras amigas más en la casa de una (mientras se pasa de su computadora a mi disco rígido un archivo importante), intercambiarnos algunos regalos de viajes y cumpleaños atrasados. Ir a una fiesta a la que invité a un chico pero no sé si va. Levantarme temprano para ir a un taller de huerta orgánica. Presentar mañana a la tarde mi primer corto documental, y al día siguiente también. Ayudar a mi hermano con un trámite online del mundial. Sentarme a cerrar cosas de trabajo. Armar una base y un overdub con la loopera. Practicar teclado. Hacer mi práctica de yoga. No estaría mal entrenar (hasta hace tres semanas estaba en una temporada brillante en cuanto a esto, hasta que a raíz de algo muy triste que pasó cerca mío lo puse en stand-by y nunca salí del impasse, pero ya estoy lista para volver). Escribir para este desafío (el fin de semana pasado no lo logré). Alimentarme, en lo posible bien. En algún momento dormir y reponer energía.
Igual nunca me sale bien planificar tanto. Veré qué puedo decir de esto una vez pasados estos dos días y medio.

Una parte mía quiere frenar, quedarse en modo ohm, vacatio, vagancia. Leer todos los libros y textos a medio camino. Conectar pedalcitos a la guitarra y salir volando sin noción del tiempo y el espacio. Jugar con la voz. Dormir un siglo contra la espalda de un chico que me resulta increíble. Hacer maratón de pelis. Mezclar manzanilla, jengibre y coriandro y tomar litros de té.
Que siga lloviendo, todo bien.

Otra parte es una manija insoportable.

jueves, 10 de mayo de 2018

La historia del día

Encontrábase una chica estacionando el auto en el estacionamiento descubierto (no es que exista uno techado, pero por si acaso) de la estación de Tigre como cada jueves a la misma hora. En general, a las 14.25, porque a las y 30 siempre tiene que estar en un lado y suele ir de aquí para allá con el tiempo contado. Dióse la casualidad que hoy llegó un poco más temprano, y aprovechó esos minutos de tranquilidad para terminar de responder unos audios. Adentro, cerca de sus infaltables compañeros: el tuppercito blanco con flores y tapa roja en donde siempre transporta almendras, y la botella de un litro, también roja, con la que asegura su hidratación diaria recargándola dos veces por jornada (este dispositivo representa una historia más compleja en sí misma, volveré sobre ella en los próximos días). Afuera, lluvia torrencial.
Cuando ya faltaban cinco minutos para las y media, esta joven dama decidió brevemente ordenar un par de cosas desparramadas en el asiento de acompañante. Acomodó en un receptáculo (¿?) que yace bajo el stéreo (creo que ya no se le dice así, pero en fin, ese espacio con forma de vaso en el que NO entran vasos pero siempre van a parar papelillos y monedas) el ticket del estacionamiento que debería usar para pagar después. Agarró su pequeña mochila blanca. Celular, paraguas y llave del auto en mano se dispuso a abrir la puerta y bajar.
Un rayo epifánico le sugirió que, dada la tormenta a cántaros, sería una preciosa idea resguardar el celular. Simple: abrió el cierre de la mochila, lo posicionó al lado de la billetera y la agenda de Wonder Woman (roja, para variar) por la que decidió ser acompañada este año, y lo volvió a cerrar. Sin contar con que claro, una vez afuera, ante la necesidad de desplegar las alas del paraguas (que ya está medio cachuzo a decir verdad) y una vez presionado el botoncito de la alarma de cierre del vehículo, otro rayo proveedor de epifanías le susurraría que mejor guardara las llaves también en la mochila, para no llevarla en la mano ni en algún bolsillo de la campera de jean.
Ya habiendo cruzado una calle, justo arrimándose al cordón, que proponía uno de esos saltos largos para evitar un buen amontonamiento de agua, más conocido como charco, imprecisamente en ese momento concluyó ella la operación. Entre nos, la mochila quedó medio de coté, y ella incluso pensó, medio delirantemente medio en serio: "JAJAJA, ¿no se me habrá caído el teléfono al agua, no?". Ante la fiaca de comprobarlo, los minutos que habían pasado y que pese a ninguna eventualidad pensarían frenar, las todavía tres cuadras que hasta destino quedaban y, especialmente, la ausencia de ruido alguno (porque encima si se hubiera caído al agua tendría que haberse escuchado algún chapuzón, sentídose alguna salpicada) y ante el nada de nada decidió que todo wey y que no.
Llegó esta muchachita a donde se dirigía, dejó el paraguas empapado arrimado a una pared, y antes de hacer lo que tenía que hacer, ya con un poquito de duda y mal presentimiento hizo un intento por manotear el celular, de adentro de la mochila, pero no eh, así de buenas a primeras no apareció. Entonces, abrió directamente la mochila de par en par, sacó todas y cada una de las cosas, sólo para descubrir que no eh, ni de puta casualidad está.

Dos horas después, esta peculiar veinteañera (puede que en el último año de la década pero sí que todavía lo está) ya había llamado desde varios celulares ajenos hacia el suyo más no para únicamente ganar en susto ante la alternancia de a veces contestador directo y a veces tono de espera pero sin respuesta como respuesta, ya había vuelto sobre sus pasos para reconstruir el camino y buscar en el charco (que a esta altura ya era un río), en todas las veredas, en las inmediaciones del auto, y en el interior. Ya le había preguntado a la cajera del estacionamiento si alguien le había avisado algo. Ya había hecho correr el mensaje entre contactos laborales, personas involucradas en planes futuros más entrado el día y su círculo cercano. Ya había dado de baja la línea en Movistar, pedido un chip nuevo, intentado rastrear el aparato en el iCloud, activado el Modo Perdido, cambiado la pass. Ya había aceptado una sugerencia de prenderle una velita a San Antonio (a quien se le atribuyeran poderes de encontrarte cosas perdidas o bien, mandarte un novio), ya se había amargado mirando precios de modelos similares en sitios como MercadoLibre y otros. Ya estaba a punto de poner "SIN CELULAR (y alguna carita triste)" en Facebook cuando se le ocurrió intentar comunicarse una vez más.
Y daba tono.
Y un tal Darío, empleado de la estación de Tigre, atendió.
Claro, lo encontró en una alcantarilla.
La misma del charco, río, océano a este hora ya debe ser que salvo por un lapsito nunca dejó de llover.
Le explicó cómo encontrarlo. Al rato ella se acercó. Cuando llegó, Darío no estaba, sus compañeras de trabajo le dijeron que se había ido "a comprar". Ella sabe que hay personas que dicen eso, pero igual se enerva un poco cuando no le cierren la frase. "A comprar verdura", "a comprar caramelos", "a comprar medialunas", "a comprar algo para arreglar la linterna", "a comprar pan especiado", "a comprar un pack de calzoncillos", "a comprar papel picado" - este sería un buen momento de decirle a esta chica qué te haces, no podes decir nada de nada, se te cayó el celular y estás teniendo demasiada suerte, callate, relajate, y agradecé-.
Hasta que Darío, una vez reincorporado luego de la misteriosa compra, se apersonó. Se apalabraron. Ella no sabía si darle un beso, la mano o incluso abrazarlo de tanta emoción. Por las dudas no hizo nada, sólo agradeció y recontra agradeció, le pidió le aceptara una recompensa, entregó un sobre con dinero adentro y unos 9 de oro salados "para el mate" que él, en ambos casos y sin mayor resistencia, agarró. Ella se reencontró con su iPhone 6s con funda amarillo patito, fondo de pantalla de espera que dice "lo piola llega" y fondo de pantalla fijo con un "may the force be with you". Antes de irse y tirarle, mínimo, unas tres veces más "gracias" le tiró algo mucho más polémico, se la jugó sin pensar con un "que Dios te bendiga, Darío".

Y colorín colorao' este cuento se acabao'.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Oblique Strategies

Look at the order in which you do things.
Terminaba, justamente, de ordenar mi habitación, y con esa hermosa sensación que da haber cumplido recién alguna misión agarré el celular para cambiar de canción cuando para mi sorpresa noté que se había abierto totalmente sola una aplicación: Oblique Strategies (o el mazo de cartas que Brian Eno puso en el mercado en 1975 para ayudar a compositores a superar bloqueos creativos, proponiéndoles consignas, caminos e imágenes para guiarlos y decirles 'ey, probá por acá', todo esto bajo el flujo e influjo del azar) . Incluso, hasta se había elegido sola esa oración.
Descubrí esas cartas hace varios años, creería que unos 10, plenos 19 de crisis, búsqueda y crecimiento. Las usé en generadores automáticos de Internet. No puntualmente para hacer canciones pero encontré buenos disparadores.
El año pasado, conmovida y extasiada paseándome por la muestra de Bowie en el Museu del Disseny de Barcelona, pude ver fotos y videos de archivo de ellas (ellas son las cartas) como parte de su proceso creativo. Seguro después de eso se me ocurrió comprobar que existiera una app (¿cómo no iba a existir?) para en ese caso bajarla para olvidarme de usarla hasta que pasara una cosa así.
Cascades.
Y pienso en que nunca fui a Iguazú. 
En todas las capas que tenemos en la mente. En la atmósfera. En el alma. 
En que hace tres años me gustaba mucho una canción que se llama Never sleep alone de Kaskade.
You are an engineer
¿Te parece? ¿Por qué lo decís? Es verdad que la Facultad de Ingeniería me queda a pocas cuadras. Y curiosamente siempre que camino por esa calle noto que dejo de sentirme bien. Me pasa siempre que vuelvo de clase de canto. Me pasó en una primera y última cita con un vecino que me llevó a recorrer bares del barrio también. Pero de ingeniera no tengo nada. De ingeniosa creo que tampoco, pero en eso me tengo un poco más de fe.
"Ingeniería en materiales" osó interrumpirme un chape matutino contra la ventana otro chico para atreverse a decir. "¿EH?" le pregunté totalmente confundida. "No, que estaba tocando tu sweater y pensaba que eso hubiese estado buenísimo estudiar", retomando de manera muy cualquiera una charla que habíamos tenido la noche anterior, de posibles otras carreras. Yo en Júpiter, porque realmente la estaba pasando muy bien, y el pibe -ingeniero pero en otra cosa- pensando en la tela. Se ve que le apasionaban tanto los materiales que por eso tampoco pudo devolverme un buzo de mi hermano que me había auto prestado y que le auto presté un día que hacía mucho frío y tenía que volverse en bici a la casa. 
Give way to your worst impulse
No. Implicaría mandar un mensaje e irme al pasto con él. Grazie.
A line has two sides
La grieta, pichi. Jajaja "pichi", así se decían mis abuelos entre ellos. Hoy los pensé un montón. Los reviviría y me los llevaría a pasear en el auto, por este mundo que en este tiempo siguió girando y cambiando. Iríamos a comer, al cine, a caminar. Les cantaría, los abrazaría, les preguntaría, los escucharía con mucha atención. Les pediría consejos sentimentales. Los captaría efímeramente en Stories de Instagram. Los entrevistaría (eso que tengo la tranquilidad de haberlo hecho un montón). Les daría la bienvenida a WhatsApp para volverlos locos a emojis y notas de voz.
Les mostraría cómo soy siendo "grande". Les resumiría las partes más importantes de todos estos años.
Me los imagino riéndose desde algún lado de lo catrasca que soy y todas las que me mando y me pasan, y al mismo tiempo cómplices y orgullosos de que sea indudablemente tan bobi como de buen corazón.
Los imagino también queriendo ayudarme, aconsejarme, apachucharme, cuidarme y evitarme tropiezos. Pero también imagino que saben algo que yo no, que ya estuvieron y yo estoy, que la línea tiene dos lados y hay tanto para explorar en este que aunque no pueda verlos ni tocarlos y eso cueste, puedo sentirlos y adorarlos y si bien, desde ya, no es suficiente, algo queda para siempre.

martes, 8 de mayo de 2018

Sparkly pop melodies

A este día le quedan 31 minutos, a los fideos en el agua cinco. La ensalada ya está lista.
Nunca como tan tarde pero hoy sí. Cuando termine debería dormir, pero no puedo parar con un libro, la física cuántica -al igual que los playlists de dream pop- no me deja dejarla así como así. La contractura que tengo desde hace tres días en la parte derecha del cuello tampoco. Decidí no darle mayor importancia, al menos hasta el viernes cuando pueda atenderla.
Hoy compartí un rato de la tarde con un grupo de músicos muy inspiradores, a todos nos unen las mismas ganas de tener un mejor dominio de la loopera y con él, de la mezcla sonora que se puede explorar en vivo. Guitarra, charango, voces, beatboxing, aparatitos y trombón.
Creo que a ese fuego vamos a tener que aferrarnos (siempre, pero sobre todo por lo pronto) en este país que en cualquier momento pareciera volver a derrumbarse. Me pone triste ser joven en un contexto así, pero peor me pone pensar en la gente más joven. Y en los más grandes. Me enoja el mal uso que evidentemente hacemos de la democracia. Y este gobierno macabro y vacío, sin otra identidad más que la sumatoria de tanto ex CEO.
A este día le quedan cuatro minutos, a los fideos y la ensalada en sus respectivos bowls sólo unos restos de lechuga.